
Cuando mandas un mensaje (vía mail, teams, slack, etc.) a alguien de tu equipo para decirle que ha hecho un buen trabajo, su cerebro no lo procesa igual que si se lo dices en voz alta y en persona.
No es una cuestión de preferencias por su parte. Es que biológicamente estamos «construidos» así.
Los estudios sobre comunicación y sistema nervioso lo documentan: después de una situación de estrés, las personas que reciben apoyo por voz REGULAN sus niveles de cortisol de forma significativa.
Las que reciben mensajes de texto muestran niveles IGUAL de altos que las personas que no recibieron ningún tipo de apoyo. Ninguno.
Llevamos años construyendo equipos remotos sobre la base de slack, email y dashboards y hemos creído que eso era comunicación. Y puede que sí, que sea un tipo de comunicación pero para el cerebro de tu equipo, no lo es.
Los datos no te dicen cómo está tu equipo
Los datos te dicen qué ha pasado pero es imposible que te digan cómo está la persona que te los presenta o que los ha logrado.
No te dicen si tu profesional más sólido está entregando desde el agotamiento o desde el compromiso. No te dicen si alguien está trabajando en remoto desde la motivación o desde la inercia de quien ya no sabe muy bien para qué lo hace.
La investigación de Kappal y Mishra (2022), que analizó la experiencia de 50 directivos de multinacionales en trabajo remoto, lo documenta: la distancia física rompe la infraestructura relacional espontánea que sostenía a los equipos, esa que en la oficina ocurría sin diseñarla, en los márgenes del día.
En remoto, esa infraestructura no existe a menos que alguien la cree y la mayoría de los líderes no la crean porque nadie les ha dicho que es parte de su trabajo ni saben cómo hacerlo.
Eso no quiere decir que no se pueda trabajar en remoto si no que hay que aprender a hacerlo.
¿Qué ocurre entonces?
Tu equipo rellena el silencio con sus propias interpretaciones y casi siempre suelen ser poco optimistas:
- «Si mi jefe no me dice nada, es porque no valora lo que hago.»
- «Si no hay señal, la señal es que estoy haciendo algo mal.»
- «Si no hay señal es que no le importa un pimiento.»
Si eso ya lo escuchas de quien trabaja en presencial, ya imaginarás lo que te dicen los que trabajan en remoto.
El vacío de feedback se convierte en el relato con el que alguien trabaja cada día. Y ese relato, cuando es negativo, consume energía, reduce el rendimiento y erosiona la confianza.
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¿POR DÓNDE EMPEZAR A LIDERAR EQUIPOS?
Antes del nosotros siempre está el YO y no es una cuestión de egoísmo sino de valoración. Si tu no te valoras y no tienes ni herramientas ni criterio para ello, ¿cómo vas a valorar al otro?
El comportamiento del cerebro en ausencia de tu voz.
Existe una diferencia neurobiológica entre comunicarse por voz y comunicarse por texto y no es algo tan simple como una cuestión de preferencias ni de generaciones, sino algo tan complejo como humano.
Cuando una persona recibe/escucha la voz de alguien de confianza, su cerebro libera oxitocina. La oxitocina baja el cortisol, reduce el estrés fisiológico y activa la capacidad de concentración y toma de decisiones.
Un estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B demostró que las personas que se comunican por voz con alguien de confianza tras una situación de estrés regulan sus niveles de cortisol de forma significativa. Las que solo reciben mensajes de texto muestran niveles de cortisol igual de altos que las personas que no recibieron ningún tipo de apoyo.
Ninguno.
Esto tiene implicaciones directas en la la forma en que gestionamos y lideramos los equipos.
Cuando sustituimos la conversación por mensajes de Slack, emails y actualizaciones en dashboards, creemos que estamos comunicando pero para el sistema nervioso de la persona del otro lado, esa comunicación no regula el estrés, no genera conexión, no activa la sensación de que alguien está ahí.
Además, la investigación sobre aislamiento social y salud cognitiva publicada en Science (2024) analizó a 588.322 trabajadores estadounidenses entre 2011 y 2024, y encontró que los empleados en puestos compatibles con el teletrabajo pasan una media de 1,1 horas más al día solos.
Ese aislamiento acumulado explica aproximadamente un tercio del aumento de la angustia mental y el aislamiento social registrado en la última década, con un incremento del 50% en las prescripciones de medicación para ansiedad y depresión.
No hablo de algo anecdótico como verás, hablo de lo que le está pasando, en este momento, a una parte de tu equipo.
El feedback no es solo para quien lo recibe
Hay una consecuencia del silencio que todos ignoran: la que le pasa al propio directivo.
Sí, resulta que no solo ese miembro del equipo está expuesto, tú también.
Cuando dejas de dar feedback a tu equipo, cuando te conviertes en el que revisa métricas pero no conversa, no se relaciona o lo hace en la medida de recopilar los datos y dar las gracias, pierdes algo más que el pulso de las personas y de la realidad.
Pierdes el sentido de lo que estás haciendo. Sí, se pierde el propósito, aquello por lo que un día creíste que era un buen trabajo, una buena oportundidad.
La investigación sobre aislamiento ejecutivo en remoto es clara en esto: los directivos que operan sin construir canales relacionales activos acaban compensando de una forma que va en sentido contrario a lo que buscan.
Centralizan las decisiones. «Micromanagean». Ejercen un férreo y excesivo control.
Y lo hacen porque han perdido la sensación de conexión con lo que ocurre y necesitan recuperar el control de alguna forma. El resultado es que el equipo se asfixia, la rotación sube, y el directivo se queda más solo que antes.
Yo lo llamo la soledad del «líder que dejó de hablar con su equipo». Quizás debería decir dejó de relacionarse, porque hablar se habla pero no se relaciona.
Esto no va de estar físicamente solo en casa o en tu despacho. Va de estar desconectado del impacto humano de lo que haces. De no saber realmente cómo están las personas que lideran. De perder el termómetro de la cultura de tu equipo. De quedarte con los gráficos pero sin las conversaciones que les dan sentido.
¿Cuándo fue la última vez que terminaste una semana sintiéndote realmente conectado con lo que le está pasando a cada persona de tu equipo?
Personalmente, he pasado mucho tiempo en desconexión del equipo y pensando que lo que hacia podía representar un cambio para alguien, algo positivo. Arreglar eso que tanto me ha preocupado y aprender a conectar de una forma genuina con los demás, ejerciendo igualmente mi autoridad como responsable, es lo que más sentido ha dado a todo ese esfuerzo a veces tan poco recompensado.
¿Qué hace que el feedback en remoto funcione?
No se trata de hacer más reuniones, por favor.
Se trata de hacer las cosas de otra manera.
1) La frecuencia corta importa más que la sesión larga.
No esperes a la reunión mensual para decirle a alguien que ha hecho bien algo. Un mensaje de voz de 40 segundos enviado esa misma tarde tiene más impacto que un párrafo de felicitaciones en la siguiente reunión.
El momento importa así que si el feedback que llega tarde ya no tiene el mismo peso emocional, porque la persona ya ha procesado la experiencia y ha construido su propia narrativa sobre cómo fue.
El estudio publicado en Frontiers in Psychology (2023) con 186 pares líder-colaborador cuantifica esto: el liderazgo positivo, ese que incluye reconocer el esfuerzo de forma directa y específica, tiene un impacto estadísticamente significativo en la energía y el compromiso de las personas. Y ese impacto es mucho mayor en equipos remotos que en equipos presenciales. En remoto, el feedback activo no es un plus de buena gestión. Es combustible VITAL.
2) El canal define el mensaje.
El feedback correctivo, el que requiere matiz, el que puede herir si no va envuelto con cuidado, no se da por escrito. Nunca. Nunca.
Un mensaje de texto que diga «tenemos que hablar de este informe» puede generar una tarde entera de ansiedad en quien lo recibe. La ausencia de tono, de gesto, de mirada, convierte cualquier texto neutro en algo potencialmente amenazador para quien lo lee desde la soledad de su casa.
La norma es sencilla: feedback de desarrollo y feedback correctivo, siempre en videollamada con cámara encendida. Siempre dejando claro desde el principio para qué es esa conversación: «Te llamo porque quiero ayudarte a que la siguiente entrega te salga mejor.»
3) La pregunta que haces determina la respuesta que recibes.
No preguntes «¿cómo estás?» si no quieres escuchar una respuesta automática. Pregunta de otra forma:
¿Qué parte de lo que estás haciendo esta semana te está costando más sacar adelante? ¿Hay algo que necesitas de mí para que la siguiente entrega te salga mejor? ¿Cómo está siendo el ritmo esta semana para ti?
Preguntas específicas obtienen respuestas reales.
Preguntas genéricas obtienen «bien, gracias.»
4) Los veteranos son los más vulnerables.
Esto lo dejó muy claro la investigación de Frontiers in Psychology: los profesionales con más años en el equipo son los más vulnerables en remoto. No los junior, que están habituados a pedir señales y a buscar feedback de forma más activa.
Esos que llevan años en la empresa y que en la oficina se sostenían con las validaciones ambientales del día a día: una mirada de aprobación, un «buen trabajo» al terminar una reunión, la energía del equipo reunido.
En remoto, esas validaciones desaparecen y si nadie las sustituye de forma activa, el rendimiento y la energía decaen en silencio.
Nadie lo dice, porque quien lleva mucho tiempo siente que debería poder con ello pero por dentro, algo se va apagando.
¿Cómo se comunica bajo presión real?
Cuando busco modelos de comunicación bajo presión extrema, la Fórmula 1 me parece uno de los más potentes.
Un análisis de la Universidad de Lund (2023) sobre las comunicaciones por radio entre pilotos e ingenieros de Mercedes y Red Bull documenta dos estilos completamente opuestos.
El de Peter Bonnington con Lewis Hamilton: calmado, estructurado, con frases cortas que funcionan como anclas emocionales en los momentos de mayor tensión.
El de Gianpiero Lambiase con Max Verstappen: directo, exigente, a veces duro. Muy distinto en la forma. Igual de efectivo en el resultado.
¿Qué tienen en común?
Que en ninguno de los dos existe el silencio como opción por defecto. Siempre hay voz, siempre hay presencia, siempre hay alguien al otro lado del canal que dice: estoy aquí, te veo, seguimos juntos.
Tú también gestionas personas bajo presión. Personas que toman decisiones sin tenerte al lado, en su casa, con las distracciones de su vida cotidiana mezcladas con los plazos de entrega. Si no estás en su canal de alguna forma, si no hay voz, si no hay feedback, no es que estés dejando espacio. Es que estás dejando un vacío.
Y ese vacío se llena con algo, siempre. Y eso «algo» no siempre es el real, ni positivo, ni adecuado, ni útil para la persona.
¿Qué cambia cuando sí das feedback?
El cambio más visible cuando un líder empieza a dar feedback de forma activa en remoto no ocurre en los indicadores, ni en los informes, ni en el desempeño. Ocurre antes.
Las personas dejan de trabajar a la defensiva, dejan de preguntarse si están haciendo las cosas bien o mal porque ya lo saben, si se les reconoce o no.
La energía que antes gastaban en adivinar se libera para producir, para proponer, para arriesgar.
Y el líder también cambia.
Recupera algo que había perdido sin darse cuenta: el sentido de lo que está haciendo. Porque liderar no es gestionar datos, es desarrollar personas. Y eso solo ocurre en la conversación real y genuína.
En resumen
El feedback que no das en remoto no es neutro. Se convierte en ruido, en duda, en agotamiento silencioso. La neurociencia es clara: la voz hace lo que el texto no puede hacer. El feedback activo no es un extra de buena gestión; es el combustible que mantiene a las personas funcionando lejos de ti.
Y el coste del silencio no lo paga solo tu equipo. Lo pagas tú también, en soledad, en pérdida de pulso y en distancia con lo que más sentido le da a tu trabajo como líder.
¿Cuánto tiempo llevas sin tener una conversación real de feedback con alguien de tu equipo, de esas en las que preguntas de verdad y escuchas sin mirar el móvil?
¿Quieres trabajar tu liderazgo en remoto desde un lugar más sostenible? El programa ALMA está diseñado para directivos y profesionales senior que quieren liderar con más presencia, más impacto y menos agotamiento. Escríbeme y lo vemos juntos.
- Kappal, R. & Mishra, D.K. (2022). Impact of remote working on the executive isolation and career of CXOs in India. International Journal of Organizational Analysis.
- Sahi, G. et al. (2023). How remote working increases the importance of positive leadership for employee vigor. Frontiers in Psychology.
- Loneliness and Social Isolation (2024). Remote Work Linked to Higher Isolation and Mental Health Challenges. Science.
- Tse, D.C.K. & Bond, M.H. (2002). Instant messages vs. speech: hormones and why we still need to hear each other. Proceedings of the Royal Society B / PMC.
- Gonzalez-Perez, S. (2023). Teammates That Are Destined to Become Rivals: A discourse analysis of team dynamics in motorsport. Lund University Publications.
Liderar es construir personas que un día no te necesiten.
Susana Gállego
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